Desperté sudando, ahogándome en soledad. Un típico lunes pensé.

Para aquellos que no entiendan mi historia les explicaré un poco. Una historia no está medida por puntos, comas o incluso acentos. Una vida tan simple como la de un joven no es contada con un manejo Perfecto del lenguaje. Es contada por emociones. Por los miles de pensamientos que transcurren con cada abrir y cerrar de ojo.

Una historia verdadera no es perfecta. No tiene diálogos ni tampoco lógica, porque después de pensar y pensar caí en cuenta de eso.

El odio que tengo por escribir historias es principalmente porque no conozco una sola persona cuya historia esté marcada por los errores ortográficos que cometemos al contarla. Escucho tantas hechos sin sentido alguno que no entiendo como creen que para contar algo todo tiene que tener sentido. Si cada hilo de pensamiento es totalmente distinto. Nadie podría tener la visión de Dios para saber lo que el otro piensa. Nadie puede resumir emociones, pasiones, nadie puede resumir vidas con palabras.
Lo único que trato de hacer escribiendo la historia de este joven es que se entienda que la vida no puede ser escrita.
Un pequeño proyecto, algo ambicioso. Si. Pero de eso se trata esto. De desvelar verdades que nunca son contadas.

Se trata de hablar de algo más allá de los diálogos entre personas. Más allá del pensamiento. Quiero mostrar el alma. El núcleo de cada ser. Lo que nos hace preguntarnos cada segundo si lo que estamos haciendo lo hacemos por conveniencia, por ambición o por obligación. Las mentiras y razonamientos que hacemos en nuestra cabeza para convencernos de que estamos haciendo lo que deberíamos.

Dada esa explicación continuaré donde lo deje. En el principio.

Despertar sudado.
El despertar en una cama, notando y a la vez ignorando algo que cada día confirmo.
Cada noche que me acuesto esta cama es el lugar más incómodo que puedo encontrar en mi memoria. Caliente, o muy fría, no encuentro como acomodarme. Doy vueltas y vueltas, pienso y pienso. Quiero levantarme y hacer algo más. Algo que no sea estar ahí.
Pero cada mañana al despertar en esta magnifica cama se siente mejor y mejor. No quiero levantarme nunca, tratando de no mover ni un músculo, tratando de no pensar mucho. Solo disfrutar de algo tan simple como una cama.
A este tipo de cosas es a las que quiero llegar con este experimento. A como una historia nunca cuenta lo que nos hace realmente humanos, como un pensamiento tan largo y absurdo puede pasar en tan solo 2 segundos. 2 segundos en los que al terminar me doy cuenta que estoy atrapado. No solo en la rutina sino en la vida, en este cuerpo.
Recuerdo haber leído algo. Algo que me gusto porque se acerca a lo que pienso.
El problema con la ciencia ficción. Es que tiene demasiada lógica.
Gracioso como algunas cosas se guardan en nuestra mente cuando otras simplemente desaparecen con el tiempo.
Por ejemplo momentos en los que realmente pensaste que eran el momento más feliz de tu vida, en un abrir y cerrar de ojos te das cuenta que lo olvidaste.
Recuerdo haber sentido lo mejor de la vida. Lo recuerdo porque ya lo olvidé. Y en estos procesos que nuestra cabeza tiene para seleccionar memorias es en lo que encuentro gracia. Quien decide? Nosotros?
O nuestra mente?
Porque ahí entraría el dilema. Acaso no somos más que una representación de nuestra mente? Ideas que fluyen y nosotros decidimos.
O somos algo más. Somos el alma, acarreados por algo que llamamos superior.
No hablo de Dios ni de ninguna religión. Hablo de nuestra mente.
A veces realmente creo que somos el alma, algo que no le encontramos respuesta lógica y por eso descartamos. Algo que nos asusta pensar porque eso significaría que no sabemos siquiera quién o cómo se controla.

Otro pensamiento sería el porque nuestra fascinación por historias, cuentos, películas. Incluso religiones.
Una fascinación que creo tenemos porque nos dan todo tan completo. Nos explican el porqué de cada detalle, nos dan un principio, un desarrollo y un final. Todo siempre de una forma tan limpia. Tan natural dirían algunos. Pero es ahí donde no concuerdo yo.
Nada natural es tan simple.
Nada es tan previsible como una historia.
Nos fascina porque es algo que no vemos cotidianamente.

Este no es as que un proyecto sin terminar, no es lo que debería ser, es solo una forma de desahogarme.

 

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