Pensamiento e ilusión. ¿Pasará?

Desde el erotismo en una voz cálida hasta una silla vacía a tu lado. Se transmite el romance, se transmite el amor. 

Desde un fuego, lentamente prendido por palabras nunca habladas, hasta las estrellas que dicen todo lo que necesitas. El pensamiento no deja de fluir. ¿Que pasaría si pasara lo que nunca pasará?

Desde el viaje interminable al pensamiento continuo de que exista un nosotros, la certeza de que nunca pasará esta muy presente. 

¿Que será lo que nos motiva, de una forma tan plena, a seguir el sueño maldito? El sueño prohibido de la amistad y el amor

Si tu mente sabe que es algo impensable, ¿Que nos hará pensarlo?

¿Que nos hará enamorarnos?

¿Pasará?

En la obscuridad de lo conocido.

Caminando a obscuras sobre los pasillos de mi casa me di cuenta de algo. 

Encontré la felicidad que había perdido. 

Lo descubrí de la forma más extraña posible. 

Con tan solo un sentimiento. El mismo que me llevaba caminando, sin poder ver me movía con tanta facilidad por un camino que ya conozco.

Un camino que por años he tomado de todas las maneras posibles. 

De una forma en la que aún dejando caer mi camisa podía atraparla en el aire. Porque todo fluía en mi mente. Porque se exactamente donde estoy y que me ha pasado otras veces. 

Es el mismo cuerpo.

Acostumbrado a la obscuridad de mi cuarto, acostumbrado a esta felicidad. 

Que de una forma u otra volvió. 

En el día que menos lo esperaba.

Después de un maratón de películas románticas y una tristeza compartida en un parque. 

Después de recordar todo lo que había pasado entre llanto y risa. 

Después de tanto tiempo. 

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Golpes y lágrimas

Recuerdo sentirme ansioso cada que salía de mi zona de confort.Recuerdo ir al baño y verme en el espejo. Odiar lo que veía, mi pelo, mi cara, mi forma de vestir. 

Sentir las lágrimas a punto de salir. Controladas solo por mi puño golpeando la pared. Controladas hasta que terminaba de golpear y empezaba a pensar. No sabía qué hacía ni porque lo hacía. No sabía que sentía ni porque lo sentía. 

Me golpeaba una tristeza de la misma forma en la que yo golpeaba la pared, me inundaba en ansiedad y en lágrimas. 

Conforme el tiempo pasaba, fui cambiando de castigos para controlarme. Pase desde salir de mi casa y caminar. Caminar con hielos en las manos y no volver hasta que se derritieran, a golpearme el estómago y las piernas dejando moretones que presionar para ayudarme cuando necesitara, llegue a un punto donde cortaba mis piernas y escribía palabras que sentía me caracterizaban, no dejaba sanar los cortes renovándolos cada que dejaba de sentirlos al caminar. 

Siempre escondidos con vendas y cinta que se pegaba a mi piel y hacía de cada paso que daba un dolor insoportable. Lo hacía porque solo así lograba contener las lágrimas. Con ligas en las muñecas por si necesitaba contenerme. Golpeaba mis piernas y sentía sangrar. 

Entre Ríos rojos y lo que ahora llamó malas decisiones, recuerdo cómo sentía que el mundo me aplastaba. Recuerdo el miedo que sentía al no poder respirar, y la desesperación de mi vista nublada cada que tenía un espejo enfrente. 

No sé cómo fue, pero ahora son solo recuerdos. Recuerdos de golpes y lágrimas rojas 

Hermana

9:39 am desayunando con una taza de café y viendo la foto más vieja que colgaba de la pared.

Un cuadro de madera que parecía haber sido mil veces barnizado, dándole un brillo casi dorado.

Dentro de este una pequeña foto, una foto que simbolizaba el amor más puro y tierno.

Minnie Mouse y dos niños. Mi hermana mayor y yo, siempre fue así.

Mi hermana mayor y yo.

Las orejas de Minnie, mucho más grandes que nuestras cabezas, mi hermana viendo a la cámara con una sonrisa tierna dentro de esos regordetes cachetitos y yo viéndola a ella, tendríamos unos cinco y siete años.

Todavía me acuerdo de cuando me mude de mi casa, lo único que lleve conmigo fue esa foto, una foto de dos niños, uno de camisa hawaiana azul, un libro de firmas y una pluma en la mano y el cabello relamido como Benito Juárez. La niña con su camisa rosa de flores, su cinturón de Hello Kitty y su peinado de colitas y fleco.

La tercera de la imagen, Minnie, sus ojos largos y grandes adornados con tres pestañas equivalentemente largas de cada lado, una sombra azul sobre sus ojos maquillándola.

Labios rojos, rojo cereza, brillando abiertos dejándome ver su lengua del mismo color.

La cara parece porcelana, fina y clara, nunca sabré exactamente que era.

Dos guantes blancos abrazando a mi hermana y a mí para la foto.

Muchas veces al ver ese cuadro lo que hago es descolgarlo y sacar la foto, me gusta verla sin el cristal porque logro apreciar más los colores, con la foto en mis manos no puedo mas que pensar en el sentimiento que me transmite.

La primera persona a la que ame de verdad, un amor inocente y siempre sincero, mi hermana mayor.

La que siempre será mi hermanita.

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3:04 am

Sentado en media calle me gusta ver los techos, todas esas sombras. 

Con noches iluminadas solamente por el reflejo de la luna, entre tanta obscuridad hay movimientos.

Sombras moviéndose de lugar. Algo raro, sin viento, pero los árboles se mueven, las sombras se mueven. Me siguen con su mirada, o al menos eso parece. Sombras cada vez más cerca de mí. No logro ver la luna, pero está ilumina la noche desde su escondite. 

Perdido pensando, escuchando las sombras moverse con cada palabra que escribo las siento más y más cercanas. 

Escribí algo. Algo que me gusto:

“Una reflexión sobre mi vida romántica”

Intente la honestidad para esos vacíos ojos húmedos. 

La silenciosa tortura en tus promesas antes de tus turbias fantasías fue lo que mató nuestro amor. 

Me siento solo. 

Me sentiré solo por siempre,

Algo a lo que estoy acostumbrado. 

Estaré solo por siempre.

Ya estoy acostumbrado.

Llega la noche y no me hago a la idea, solo por siempre, ¿estoy acostumbrado?

Estaré solo por siempre. 

Ya me acostumbré a la idea, excepto por esas noches de llantos, poemas y cantos.

Algo dentro de mí me dice que en este momento 3:07 am. No estoy solo en esta obscuridad.

 

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Noche de velas y cigarros, encendidos por el fuego de un amor.

La noche era fría, en los reflejos que dejo la lluvia, hable con la luna.
Le hable sobre ti.

Entre tanta noche de sentimiento le conté de los días cuando te pienso.

Son esas noches con olor a tu perfume, que me hacen confesarle a la luna que te cobija en tus sueños, todo lo que nunca te diré.

Las estrellas en el recién despejado cielo me recuerdan a tu voz, lejanas, pero siempre ahí, nunca mías, pero eso no me impide apreciarlas.

Estrellas que me recuerdan a tus pecas, naturalmente hermosas pero que pasan desapercibidas. Se pierden en la luna qué hay en tus ojos, en la frialdad de la noche.

La noche era fría.
Mis sentimientos por ti, no.

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Nada viejo, nada nuevo, sólo, mi voz sin voz.

Volteando las hojas de mi cuaderno, buscando donde escribir lo que siento, encuentro los recordatorios de mi soledad, en el sonido del papel volteando su cara, alejándose de mí, siento lo mismo que aquella vez cuando ella volteaba su cara.

Esos sonidos, el silencioso blanco en las hojas, ¿Cómo escribir lo que sólo en mi mente tiene sentido? ¿Cómo describir algo que no logro entender? La lucha para escribir lo que no puede ser escrito, describir lo que no puede describirse, tantas cosas por lograr y sigo cayendo en objetos comunes, entre la redundancia de mis palabras mil veces dichas y los sentimientos más sentidos ¿Qué hay por contar?

¿Cómo crear mi voz en papel?

¿Como crear mi voz en la mente de otros?

Si mi voz no tiene voz, tampoco tiene nombre, pues mi nombre no tiene voz.

Volteando las hojas de mi cuaderno, me pierdo en preguntas, no he encontrado donde escribir lo que siento, pero de algún modo, siento que ya lo escribí, puede que haya sido entre tanta palabra repetida o tantas ideas similares.

Pasan las hojas y no encuentro nada.

Nada viejo

Nada nuevo

Sólo

Mi voz

Sin voz

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*Dejar el espacio vacío*

Noches vacías sin ningún cuerpo o sentimiento para calentar el alma. Llenando de humo mi interior esperando que mis pies descalzos puedan enterrarse, enterarse, buscando algo que me fije a algún lugar, buscando las raíces en tierra que perdió su fertilidad.

Ahogándome en palabras para desahogarme, ahogándome de algo que me ayude a desahogarme, me ahogo con los tragos como me ahogo con el pensamiento, todo eso, para desahogarme.

Noches vacías en las que se resume todo en una pregunta. 

¿Me corto el pelo?

Como si la solución a todo estuviera en nada, ahogándome, enterrándome, ¿será que no me entero de lo que me tiene sin hogar?

Noches vacías con un cuerpo vacío.

Sin sentimientos, pero siento el vacío. 

Sin voz, pero hablo conmigo mismo. 

Sin esperanza, pero espero todo termine. 

Noches vacías, vacías de todo, menos el vacío en mi interior.

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Señor Redundante

Aquí estoy

¿Estoy aquí?

 

Repitiendo la famosa frase “Al borde del Abismo” contemplando el vacío, una caída infinita a solo un paso de distancia.

El mismo vacío es el que está debajo como el infinito vacío sobre nuestro cuerpo.

 

¿Caeremos en el vacío?

¿Al vacío se entra caminando?

¿Podría ir al vacío que está arriba?

Eso contando con que el vacío es un lugar.

 

Una voz, salida desde el vacío, y a la vez de nuestra mente, la escuchamos y pensamos, nos pregunta una pregunta, una pregunta que no es pregunta.

 

Al final creo que no estoy al borde del abismo,

creo que el abismo está al borde de mi ser.

Al final no creo que sea yo el que entre al Abismo

El Abismo entra a mí.

 

 

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