La abeja que poliniza sin saberlo

Visto desde fuera una abeja poliniza las flores de las que se alimenta sin saberlo, de la misma forma una idea fue plantada poco a poco en mi sistema.

Después de años de terapia, un psiquiatra, más amigo que la mayoría de mis conocidos, me recomendó escribir lo que sentía.

Lo que empezó como una forma de desahogar la mente, con el tiempo, se volvió un gusto, una facilidad de escribir en lugar de hablar.

Para alguien con gusto por la lectura, escribir fluía en mí.

Entré a psicología, porque era otro de mis intereses que florecieron entre terapias, me dejé convencer por mi familia por estudiar eso porque “me iba a morir de hambre menos como psicólogo que como escritor”

Desde mediados de mi secundaria y hasta finales de preparatoria, me dediqué a tomar cursos de literatura, redacción de cuentos y poemas, análisis grupales, entre algunos otros. Lo veía como un hobby.

Entré a concursos en diferentes lugares, y cada vez iba mejorando poco a poco, y ya en la carrera de psicología, me encontré una convocatoria. Participe en un concurso de la Universidad de Sonora y al tiempo, me llegó un aviso, tenía que presentarme para la premiación por algo que había casi olvidado.

El maestro que me daba los cursos ya antes mencionados se enteró y después de una plática para ponernos al corriente me hizo una pregunta.

“¿Qué estás haciendo en psicología?”                                                                             

Después de un tiempo, entendí. Mi felicidad es algo por lo que vale la pena arriesgar el “morirme de hambre”

Decidí cambiarme de carrera y seguir ese impulso que me lleva a escribir, esa voz que tengo en mis letras.

Cuando me preguntaban en que pensaba, en mi cabeza solo podía explicarlo como “La abeja que poliniza sin saberlo”

La idea de algo que silenciosamente entra en nosotros y cuando menos lo esperamos tenemos un jardín creciendo en el rincón olvidado de nuestro ser.

Simplemente decidí aprovechar lo que nace en mi interior.

Siento que esa decisión es y será un punto que recuerde con el tiempo, ya que fue cuando decidí seguir el alma sobre la mente.

Al final de cuentas creo que eso es un rasgo que me define, desde decisiones hechas por amor hasta los problemas resueltos con el sentimiento puro.

Si seguir mis sentimientos y escuchar el alma me llevara a la ruina, estoy como muchos otros, destinado a ser el poeta fracasado, el poeta enamorado.

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06/09/18

Sentados bajo la sombra de un extraño árbol, hablando, riendo. Entro a otro mundo.

Estoy solo, llorando. Frente a mi veo a mis amigos, me veo a mí, sentado a la sombra de un sauce, marcado con una flecha apuntando al cielo.

Sus ramas cuelgan y se mueven de una forma poco natural, siguiendo a las personas, como una serpiente sigue a su presa, silenciosa, sutil.

Cambia la imagen, una vez más estoy sentado bajo la sombra del árbol.

Mis amigos ahora parados frente a mí, viendo el sauce.

Los veo acercarse, no hacia mí, se acercan a las ramas y en un espejo de movimientos las ramas a ellos.

Los veo hablar con la ahora rama amiga, se sujetan a ellas y se elevan, en su cara una tranquilidad irreal. Se elevan y las que alguna vez fueron ramas curvas son ahora flechas, sosteniéndolos sólidamente en el aire.

Siento junto a mí el suelo moverse, de él salen raíces, abrazándome con su humedad, llenándome de tierra e invitándome a bajar con ellas, sin poder moverme cierro los ojos, siento como me sumerge y traga la tierra, con solo mi mano fuera del suelo, cual planta apuntando al cielo, como si aún hubiera esperanza, siento algo, alguien tomo mi mano.

Abro los ojos, sudando, llorando.

Frente a mí veo una mano saliendo de la tierra, algo dentro de mí me hace correr hacia ella, al sujetarla la tierra grita mi nombre y abre un hueco para que vea de quien se trata, como un espejo me veo verme, soy yo.

Asustado suelto la mano, mi mano, la tierra termino de tragarlo, de tragarme.

En mi mente veo imágenes, las imágenes del otro yo, vi a mis amigos acercarse a las ramas, vi lo que él vio, sentí lo que él sintió.

Me acerco a las ramas y estas se mueven, agresivamente, como esperando atacar, sujeto una de ellas y siento como me elevo, de pronto empiezo a moverme de lado a lado, la rama diciéndome que no soy suficiente, no soy digno. Zangoloteándome por el aire la serpiente de madera me suelta. Volando por el aire veo el suelo, raíces salen de él, esperándome, me atrapan, tomándome por brazos y cuello, me inmovilizan. Cierro los ojos y siento como me sumergen, ahogándome con su seca tierra, llenándome de gusanos, en total obscuridad solo puedo pensar “Mis deseos son igual de validos que los de los demás, sin importar quien sea”

Ya no siento mi cuerpo, abro los ojos, veo el cielo, volteo hacia abajo y veo ramas abrazándome, elevándome.

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El silencio de los menos inocentes

Hay momentos en los que nos enfrentamos a lo que verdaderamente nos aterroriza, la verdad de nuestro ser.
Situaciones en las que todos están esperando tu respuesta son fáciles de arreglar, reaccionar bajo el oculto reglamento que nos deja vivir en sociedad, pero llegan puntos críticos en los que las luces se apagan, se encienden los principios del instinto y cada quien se preocupa por su seguridad, momentos en los que las reglas cambian, se vuelve un sálvese quien pueda.
Yo en lo personal evito esos momentos, me he demostrado a mi mismo que aun en mis momentos mas bajos siempre hay de donde jalar, alguna forma de ganar, ya sea con ganar cierta confianza o lo mas simple, aprovecharse de la confusión.
Momentos que los colores verdaderos salen, donde al acabar nos damos cuenta que los mas juzgados terminan siendo los mas reales, momentos donde los que viven en la sombra aprovechan su facilidad de moverse en la oscuridad.
Creo que todos tenemos nuestro yo verdadero arraigado a nuestros instintos, a nuestro núcleo del ser.
Temo por los días en donde reflexionando, llego a entender que no soy una víctima, sino alguien que aprendió a forjar las situaciones a su beneficio y creo que para poder avanzar y convertirme lo que quiero ser debo aceptar lo que me hace ser como soy, lo bueno y lo malo.

 

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El joven de los muchos nombres

Necesito saber la verdad, encontrar mi verdadero nombre saber si el que uso con mis amigos, con conocidos o el nombre con el que me escondo detrás de letras es lo que realmente quiero para mi vida, tantos posibles finales para llegar a lo único seguro.
Moriremos, todos lo haremos pero eso es algo que todos sabemos y ya todos han dicho, pero eso no es lo importante eso no es mas que una de las muchas cosas que pasaran.
Lo realmente importante es elegir, entre los deseos de un niño, el miedo de sentir y perderme en ello, o aspiraciones desastrosas para un futuro incierto.
Lo que busco es algo que llame mi interés y me de algo por contar, ser lo que me gusta, buscar lo que me haga feliz y creer las mentiras que me dejen dormir por las noches, aunque vengan de parte mía, el drama y la aventura, cosas bastante malas para la salud, aun así bastante necesarias en el futuro a que con tanta desesperación busco.

Es un impulso por hacer mas de lo que puedo, mas de lo que debería, pero el dilema no nace totalmente de elegir uno de mis nombres, sino de aceptar lo que eso conlleva, perder todo contacto con lo inocente de una de mis caras, dejar de estar dividido por conveniencia y creerme, volverme completamente lo que estoy inclinado a escoger.
Una causa que me terminara matando, pero me mataría mas rápido no perseguirla, tendré que sufrir mas de lo que en cualquier otra cara, pero creo que en eso se basa la vida que intentaré llevar, una vida donde sepa apreciar el Amarillo después de tanto gris.

 

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Sufrir por un bien silencioso

Dormir viendo las estrellas, sin poder dejar de pensar en una sonrisa. Otro cliché de fin de semana de parte del que siempre queda fuera

Me gustaría contarlo todo desde un principio, pero últimamente no se si esto empezó en cuanto te conocí o si cualquier oportunidad murió incluso antes de existir.
La otra noche entre tragos y falta de sueño salió el secreto de mis labios, hable de ti con alguien mas y me recomendaron lo que siempre he sabido, lo que nunca me atreveré a hacer.
No es que no quiera, pero entre cada sonrisa y cada mirada no se si alegrarme o simplemente llorar, no se si abrazarte y nunca soltarte o alejarme antes de hacerme mas daño.

Dormí con frió, merecía sentir la soledad de la noche, me tendí en el suelo, con nada mas que música y cobardía.

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La futura flor de antebrazo

La vida esa una melodía que corre rápidamente no se detiene, no lleva notas ni ataduras.
Te obliga a escuchar el ritmo en tus sueños. Su letra, invitándote suavemente a ceder y olvidar lo que sabes, ignorar lo que sale de tu boca o entra por tus oídos, indicando sutilmente las formas de entender, desde la forma en que las flores se abren y los pájaros cantan, hasta el mas oculto suspiro de amor en el viento.
Te enseña a colapsar y empezar de cero.
Tratando de tener una nueva voz.
La voz que escojamos, nos enseña a respirar y ser escuchados, a dormir y sacar todo lo que nos mantenía despiertos.
¿Puedes escucharlo?
La manera en que las flores respiran y los pájaros despiertan.
Son estas maravillas las que la vida te enseña a apreciar, dentro del silencio y dentro de nosotros mismos, te hace sentir que algunas cosas vale la pena recordarlas, tatuarlas en tu piel y mostrarlas con orgullo, cosas que tengan un simbolismo personal, que te hagan feliz y logren recordarte olores, sabores, situaciones.
Flores que morirán contigo.

 

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Ese niño enamorado

Despierto mirando el mismo techo que he visto desde que tengo memoria, y me pregunto si debería dejar mi pelo crecer, me pregunto si debería cortarlo, pienso en que veré a mis amigos y me divertiré pero luego recuerdo que soy un eco en la platica común, que no tengo algo que me caracterice.
Me nacen deseos de ensuciarse, de salir y terminar jodidos y se que no soy el único.
Unas ganas de salir y vivir todo lo que necesito, algo que llene mis vacíos creativos, hacer alborotos sin sentido y prender en el ambiente un deseo de aventura.
Pienso en enamorarme y ser otra vez ese que habla todo el día y escribe cada noche, tener el impulso de escribir para alguien, amar lo que escribo y amar mas a quien se lo dedico.
Todo lo que alguna vez fui, hasta que me siento mal y recuerdo la facilidad en la que horas invertidas se pierden en minutos.
Lo intente y lo único que hice fue lograr ser yo el que no supo apreciar y entendí que todavía no encontraba lo que me robaron.
Encontré mi lugar justo donde lo había dejado, preguntándome cada mañana si debería de cortarme el pelo o dejarlo crecer, siendo el eco de la platica común, porque mi problema nunca fue falta de creatividad, sino una aspiración a tener mejores cosas por contar, cosas menos cotidianas, pero encontrar el equilibrio y aprender a contar este tipo de cosas con un aire de racionalidad y amor es lo que me caracterizaría, porque muy al fondo siempre seré un niño encontrando su primer amor, con esa emoción y ese miedo de ser descubierto.
Siempre será ese niño que despertara cada mañana viendo el techo preguntándose si cortarse el pelo o dejarlo crecer, preguntándose como le gustaría mas a ese primer amor.

 

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Gracias por siempre estar aquí.

Mi amiga me dijo: “Prender un cigarro con lo que queda de otro. Ese sentimiento de no poder dejar de sentirlo sin romper en llanto.

Es lo mismo que con las personas.
Habernos hecho dependientes de sentir cariño. Y buscarlo con sed por cada rincón del entorno.
Una sed que solo es saciada con una antigua risa. De las que silenciosamente atraía a tomar un salto de fe hacia ella. Todo lo que alguna vez fuimos.
Como la garrapata brincaremos de cuerpo a cuerpo, cuando ya nos atendió.”

Lo único que pude pensar. La sensación de mi consciencia preguntándose si estaba feliz con lo que había hecho. Con lo que había dicho.

Sentí una lagrima gris como lo hice sobre algunos ríos rojos por malas decisiones.

 

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Platicas de ilusión con sabor a culpa

¿Existirá algo que pueda durar para siempre?

El amor por alguien

El deseo de pertenencia

La tristeza

O Tal vez las ganas de seguir adelante. 

¿Llegará un punto donde se acabe todo eso o estamos destinados a revivirlo día con día?

Claro, hay momentos donde no sentimos lo mismo. Pero eso no significa que no volveremos a sentirlo. 

No acaba, solo está en pausa. 

¿Existirá un límite para cada cosa?

¿Un límite que diga hasta donde puedes seguir intentando? 

O simplemente despiertas un día sin ganas de luchar. 

¿Hasta donde llega el cambio de mente y el rendirte?

¿Como diferenciar si simplemente dejas de luchar por algo o el que perdiste interés?

¿Acaso este es simplemente la mentira más blanca que nos decimos para no culparnos por un futuro incierto al que renunciamos por tener miedo de fallar?

¿Donde empieza la decisión y donde acaba la desesperación?

 

 

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