Los Días

Algunos días empiezan con una pesadilla, un recordatorio de soledad y desamor: días que aún con ganas de hablar, es mejor volver a dormir y continuar sufriendo por algo ficticio.

El despertar significa afrontar la verdad más cruda de todas; algunas cosas nunca serán lo que deseamos, algunos sueños es mejor no seguirlos y dormir con pesadillas.

En los días como estos se siente una sensación de calor, que, atada a tu piel, te incomoda a un nivel más que físico, emocional. Es esa sensación de no poder sacudirte y dejar caer el peso muerto que, de una forma tan masoquista, llevamos con nosotros.

Son días que cruelmente deseamos miserias, algo que nos distraiga de esta fantasia por alguien mas, algo que nos aleje de estas ansias de tener lo que vemos.

Amor.

Porque algunos días empiezan con una pesadilla, pero todos terminan con mi necesidad de ser amado.

Pensamiento e ilusión. ¿Pasará?

Desde el erotismo en una voz cálida hasta una silla vacía a tu lado. Se transmite el romance, se transmite el amor. 

Desde un fuego, lentamente prendido por palabras nunca habladas, hasta las estrellas que dicen todo lo que necesitas. El pensamiento no deja de fluir. ¿Que pasaría si pasara lo que nunca pasará?

Desde el viaje interminable al pensamiento continuo de que exista un _nosotros_, la certeza de que nunca pasará esta muy presente. 

¿Que será lo que nos motiva, de una forma tan plena, a seguir el sueño maldito? El sueño prohibido de la amistad y el amor

Si tu mente sabe que es algo impensable, ¿Que nos hará pensarlo?

¿Que nos hará enamorarnos?

¿Pasará?

En la obscuridad de lo conocido.

Caminando a obscuras sobre los pasillos de mi casa me di cuenta de algo. 

Encontré la felicidad que había perdido. 

Lo descubrí de la forma más extraña posible. 

Con tan solo un sentimiento. El mismo que me llevaba caminando, sin poder ver me movía con tanta facilidad por un camino que ya conozco.

Un camino que por años he tomado de todas las maneras posibles. 

De una forma en la que aún dejando caer mi camisa podía atraparla en el aire. Porque todo fluía en mi mente. Porque se exactamente donde estoy y que me ha pasado otras veces. 

Es el mismo cuerpo.

Acostumbrado a la obscuridad de mi cuarto, acostumbrado a esta felicidad. 

Que de una forma u otra volvió. 

En el día que menos lo esperaba.

Después de un maratón de películas románticas y una tristeza compartida en un parque. 

Después de recordar todo lo que había pasado entre llanto y risa. 

Después de tanto tiempo. 

Golpes y lágrimas

Recuerdo sentirme ansioso cada que salía de mi zona de confort.Recuerdo ir al baño y verme en el espejo. Odiar lo que veía, mi pelo, mi cara, mi forma de vestir. 

Sentir las lágrimas a punto de salir. Controladas solo por mi puño golpeando la pared. Controladas hasta que terminaba de golpear y empezaba a pensar. No sabía qué hacía ni porque lo hacía. No sabía que sentía ni porque lo sentía. 

Me golpeaba una tristeza de la misma forma en la que yo golpeaba la pared, me inundaba en ansiedad y en lágrimas. 

Conforme el tiempo pasaba, fui cambiando de castigos para controlarme. Pase desde salir de mi casa y caminar. Caminar con hielos en las manos y no volver hasta que se derritieran, a golpearme el estómago y las piernas dejando moretones que presionar para ayudarme cuando necesitara, llegue a un punto donde cortaba mis piernas y escribía palabras que sentía me caracterizaban, no dejaba sanar los cortes renovándolos cada que dejaba de sentirlos al caminar. 

Siempre escondidos con vendas y cinta que se pegaba a mi piel y hacía de cada paso que daba un dolor insoportable. Lo hacía porque solo así lograba contener las lágrimas. Con ligas en las muñecas por si necesitaba contenerme. Golpeaba mis piernas y sentía sangrar. 

Entre Ríos rojos y lo que ahora llamó malas decisiones, recuerdo cómo sentía que el mundo me aplastaba. Recuerdo el miedo que sentía al no poder respirar, y la desesperación de mi vista nublada cada que tenía un espejo enfrente. 

No sé cómo fue, pero ahora son solo recuerdos. Recuerdos de golpes y lágrimas rojas 

Hermana

9:39 am desayunando con una taza de café y viendo la foto más vieja que colgaba de la pared.

Un cuadro de madera que parecía haber sido mil veces barnizado, dándole un brillo casi dorado.

Dentro de este una pequeña foto, una foto que simbolizaba el amor más puro y tierno.

Minnie Mouse y dos niños. Mi hermana mayor y yo, siempre fue así.

Mi hermana mayor y yo.

Las orejas de Minnie, mucho más grandes que nuestras cabezas, mi hermana viendo a la cámara con una sonrisa tierna dentro de esos regordetes cachetitos y yo viéndola a ella, tendríamos unos cinco y siete años.

Todavía me acuerdo de cuando me mude de mi casa, lo único que lleve conmigo fue esa foto, una foto de dos niños, uno de camisa hawaiana azul, un libro de firmas y una pluma en la mano y el cabello relamido como Benito Juárez. La niña con su camisa rosa de flores, su cinturón de Hello Kitty y su peinado de colitas y fleco.

La tercera de la imagen, Minnie, sus ojos largos y grandes adornados con tres pestañas equivalentemente largas de cada lado, una sombra azul sobre sus ojos maquillándola.

Labios rojos, rojo cereza, brillando abiertos dejándome ver su lengua del mismo color.

La cara parece porcelana, fina y clara, nunca sabré exactamente que era.

Dos guantes blancos abrazando a mi hermana y a mí para la foto.

Muchas veces al ver ese cuadro lo que hago es descolgarlo y sacar la foto, me gusta verla sin el cristal porque logro apreciar más los colores, con la foto en mis manos no puedo mas que pensar en el sentimiento que me transmite.

La primera persona a la que ame de verdad, un amor inocente y siempre sincero, mi hermana mayor.

La que siempre será mi hermanita.

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3:04 am

Sentado en media calle me gusta ver los techos, todas esas sombras. 

Con noches iluminadas solamente por el reflejo de la luna, entre tanta obscuridad hay movimientos.

Sombras moviéndose de lugar. Algo raro, sin viento, pero los árboles se mueven, las sombras se mueven. Me siguen con su mirada, o al menos eso parece. Sombras cada vez más cerca de mí. No logro ver la luna, pero está ilumina la noche desde su escondite. 

Perdido pensando, escuchando las sombras moverse con cada palabra que escribo las siento más y más cercanas. 

Escribí algo. Algo que me gusto:

“Una reflexión sobre mi vida romántica”

Intente la honestidad para esos vacíos ojos húmedos. 

La silenciosa tortura en tus promesas antes de tus turbias fantasías fue lo que mató nuestro amor. 

Me siento solo. 

Me sentiré solo por siempre,

Algo a lo que estoy acostumbrado. 

Estaré solo por siempre.

Ya estoy acostumbrado.

Llega la noche y no me hago a la idea, solo por siempre, ¿estoy acostumbrado?

Estaré solo por siempre. 

Ya me acostumbré a la idea, excepto por esas noches de llantos, poemas y cantos.

Algo dentro de mí me dice que en este momento 3:07 am. No estoy solo en esta obscuridad.

 

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Noche de velas y cigarros, encendidos por el fuego de un amor.

La noche era fría, en los reflejos que dejo la lluvia, hable con la luna.
Le hable sobre ti.

Entre tanta noche de sentimiento le conté de los días cuando te pienso.

Son esas noches con olor a tu perfume, que me hacen confesarle a la luna que te cobija en tus sueños, todo lo que nunca te diré.

Las estrellas en el recién despejado cielo me recuerdan a tu voz, lejanas, pero siempre ahí, nunca mías, pero eso no me impide apreciarlas.

Estrellas que me recuerdan a tus pecas, naturalmente hermosas pero que pasan desapercibidas. Se pierden en la luna qué hay en tus ojos, en la frialdad de la noche.

La noche era fría.
Mis sentimientos por ti, no.

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La abeja que poliniza sin saberlo

Visto desde fuera una abeja poliniza las flores de las que se alimenta sin saberlo, de la misma forma una idea fue plantada poco a poco en mi sistema.

Después de años de terapia, un psiquiatra, más amigo que la mayoría de mis conocidos, me recomendó escribir lo que sentía.

Lo que empezó como una forma de desahogar la mente, con el tiempo, se volvió un gusto, una facilidad de escribir en lugar de hablar.

Para alguien con gusto por la lectura, escribir fluía en mí.

Entré a psicología, porque era otro de mis intereses que florecieron entre terapias, me dejé convencer por mi familia por estudiar eso porque “me iba a morir de hambre menos como psicólogo que como escritor”

Desde mediados de mi secundaria y hasta finales de preparatoria, me dediqué a tomar cursos de literatura, redacción de cuentos y poemas, análisis grupales, entre algunos otros. Lo veía como un hobby.

Entré a concursos en diferentes lugares, y cada vez iba mejorando poco a poco, y ya en la carrera de psicología, me encontré una convocatoria. Participe en un concurso de la Universidad de Sonora y al tiempo, me llegó un aviso, tenía que presentarme para la premiación por algo que había casi olvidado.

El maestro que me daba los cursos ya antes mencionados se enteró y después de una plática para ponernos al corriente me hizo una pregunta.

“¿Qué estás haciendo en psicología?”                                                                             

Después de un tiempo, entendí. Mi felicidad es algo por lo que vale la pena arriesgar el “morirme de hambre”

Decidí cambiarme de carrera y seguir ese impulso que me lleva a escribir, esa voz que tengo en mis letras.

Cuando me preguntaban en que pensaba, en mi cabeza solo podía explicarlo como “La abeja que poliniza sin saberlo”

La idea de algo que silenciosamente entra en nosotros y cuando menos lo esperamos tenemos un jardín creciendo en el rincón olvidado de nuestro ser.

Simplemente decidí aprovechar lo que nace en mi interior.

Siento que esa decisión es y será un punto que recuerde con el tiempo, ya que fue cuando decidí seguir el alma sobre la mente.

Al final de cuentas creo que eso es un rasgo que me define, desde decisiones hechas por amor hasta los problemas resueltos con el sentimiento puro.

Si seguir mis sentimientos y escuchar el alma me llevara a la ruina, estoy como muchos otros, destinado a ser el poeta fracasado, el poeta enamorado.

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Nada viejo, nada nuevo, sólo, mi voz sin voz.

Volteando las hojas de mi cuaderno, buscando donde escribir lo que siento, encuentro los recordatorios de mi soledad, en el sonido del papel volteando su cara, alejándose de mí, siento lo mismo que aquella vez cuando ella volteaba su cara.

Esos sonidos, el silencioso blanco en las hojas, ¿Cómo escribir lo que sólo en mi mente tiene sentido? ¿Cómo describir algo que no logro entender? La lucha para escribir lo que no puede ser escrito, describir lo que no puede describirse, tantas cosas por lograr y sigo cayendo en objetos comunes, entre la redundancia de mis palabras mil veces dichas y los sentimientos más sentidos ¿Qué hay por contar?

¿Cómo crear mi voz en papel?

¿Como crear mi voz en la mente de otros?

Si mi voz no tiene voz, tampoco tiene nombre, pues mi nombre no tiene voz.

Volteando las hojas de mi cuaderno, me pierdo en preguntas, no he encontrado donde escribir lo que siento, pero de algún modo, siento que ya lo escribí, puede que haya sido entre tanta palabra repetida o tantas ideas similares.

Pasan las hojas y no encuentro nada.

Nada viejo

Nada nuevo

Sólo

Mi voz

Sin voz

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