06/09/18

Sentados bajo la sombra de un extraño árbol, hablando, riendo. Entro a otro mundo.

Estoy solo, llorando. Frente a mi veo a mis amigos, me veo a mí, sentado a la sombra de un sauce, marcado con una flecha apuntando al cielo.

Sus ramas cuelgan y se mueven de una forma poco natural, siguiendo a las personas, como una serpiente sigue a su presa, silenciosa, sutil.

Cambia la imagen, una vez más estoy sentado bajo la sombra del árbol.

Mis amigos ahora parados frente a mí, viendo el sauce.

Los veo acercarse, no hacia mí, se acercan a las ramas y en un espejo de movimientos las ramas a ellos.

Los veo hablar con la ahora rama amiga, se sujetan a ellas y se elevan, en su cara una tranquilidad irreal. Se elevan y las que alguna vez fueron ramas curvas son ahora flechas, sosteniéndolos sólidamente en el aire.

Siento junto a mí el suelo moverse, de él salen raíces, abrazándome con su humedad, llenándome de tierra e invitándome a bajar con ellas, sin poder moverme cierro los ojos, siento como me sumerge y traga la tierra, con solo mi mano fuera del suelo, cual planta apuntando al cielo, como si aún hubiera esperanza, siento algo, alguien tomo mi mano.

Abro los ojos, sudando, llorando.

Frente a mí veo una mano saliendo de la tierra, algo dentro de mí me hace correr hacia ella, al sujetarla la tierra grita mi nombre y abre un hueco para que vea de quien se trata, como un espejo me veo verme, soy yo.

Asustado suelto la mano, mi mano, la tierra termino de tragarlo, de tragarme.

En mi mente veo imágenes, las imágenes del otro yo, vi a mis amigos acercarse a las ramas, vi lo que él vio, sentí lo que él sintió.

Me acerco a las ramas y estas se mueven, agresivamente, como esperando atacar, sujeto una de ellas y siento como me elevo, de pronto empiezo a moverme de lado a lado, la rama diciéndome que no soy suficiente, no soy digno. Zangoloteándome por el aire la serpiente de madera me suelta. Volando por el aire veo el suelo, raíces salen de él, esperándome, me atrapan, tomándome por brazos y cuello, me inmovilizan. Cierro los ojos y siento como me sumergen, ahogándome con su seca tierra, llenándome de gusanos, en total obscuridad solo puedo pensar “Mis deseos son igual de validos que los de los demás, sin importar quien sea”

Ya no siento mi cuerpo, abro los ojos, veo el cielo, volteo hacia abajo y veo ramas abrazándome, elevándome.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional

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