Las tormentas eléctricas y los heridos por rayo.


Esta vez empezó diferente…

Con lágrimas en los ojos y razones para sentir dolor, escapó del día caminando por estas calles, iluminadas solamente por las estrellas y el cigarro en mi boca.

¿Llegará el día en que mis pesadillas dejen de tener pesadillas? A veces pido poder aceptar que algunas cosas nunca pasaran. Camino conectando puntos entre estrellas y sentimientos, tratando de encontrarle forma a estas nubes de pensamiento que amenazan tormenta. Estoy seguro de qué aún recuerdo esas noches cantábamos, no son pensamientos de dolor, son de nostalgia a la felicidad tan inocente de estar enamorado.

Pasan los días cargados de un gris rutinario, y lo único que puedo hacer para sacudir esta sensación es caminar, pensar, y fumar.

¿Se lo contaré algún día?

Existe una línea que no hay que cruzar, pero demasiadas razones para ir más allá, razones que dolorosamente son lo que necesitamos para distraer nuestra mente torturada.

Sueños rotos y promesas internas que nunca se cumplirán. Metas que terminaron siendo chistes crueles que se cuentan en bares. Confianzas creadas bajo talentos momentáneos, vagamos malditos por una falta de voz interna, perdidos en tantas palabras y tan poca voz para hablar, fallamos en ver mundos nuevos en nuestra mente y quedamos estancados en el mismo tema, nos volvemos el viejo amargado que tuvo sus cinco minutos de fama y desapareció del mapa.

Irónicamente hicimos todo lo que alguna vez nos juramos hacer, y debería sentirse bien, pero últimamente son solo un recuerdo de lo que pudo ser. Son días que después de tanto tiempo, hablar con ella no es algo que disfrute.

Fue justo cuando la tormenta empezó, que mi cabeza se rindió.


El día en que el poeta murió.

Una tormenta cayó junto con el poeta.

Preguntas se abalanzaban desde las nubes y no hacían más que poner peso sobre el caminante desolado, que, dado por vencido, aceptó que sería una larga noche.

Lo más especial de aquella tormenta eran las veces cuando el joven se armaba de valor para mirar al cielo, yacía sobre él una noche despejada, obscura, pero de alguna forma llena de estrellas.
Los cigarros se mantenían secos, sin embargo, el veía caer todo el cielo.

Cuanto más se acercaba el final de la noche la tormenta empezaba con amenazas de rayos. Rayos cada vez más cercanos a ahogar al poeta.


Retomando la realidad

¿Se lo contaré algún día?


Con el cielo despejado

Para cuando el poeta llego al final de la noche, la noche llego al final del poeta. Dentro de su mente preguntas cayeron en los lugares correctos, por última vez el viejo amargado volvió a aparecer en el mapa, tuvo sus cinco minutos de fama y encontró el nido de su miseria, pero con el nacimiento de este pensamiento, vino la muerte del poeta.

Fue la noche en que el poeta murió dentro del joven. La noche en que supero el pasado y siguió adelante.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s